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Creando momentos Pura Vida

Ser padres

¿Por qué no deberíamos darles azúcar a nuestros hijos?

17 de September 2019

Sé que voy a sonar como mi papá diciendo esto, pero los niños de antes no éramos como los de ahora. Y no es culpa de ellos: cualquier niño va a preferir comer el cereal del tigre que sale en la tele, en lugar de brócoli o zanahoria.

Y probablemente nosotros también lo hicimos en algún momento. Recuerdo que mis desayunos eran cereal (Trijuelas con leche) o pan con natilla o paté. Mis papás hacían lo mejor que podían por alimentar a una familia de 6, enviarnos a estudiar, mantener la casa y hacernos felices.

Lo divertido de esto es que tanto mis hermanos como yo, tenemos una vida saludable, un peso normal  y realmente nunca hemos seguido una dieta estricta. Comemos de todo con moderación y nos damos gustos de vez en cuando. Pero ahora, si un niño sigue esa misma dieta, lo más probable es que tenga obesidad. ¿Por qué?

 

azucar niños

 

La rutina de los niños de antes

Luego de desayunar cereal lleno de azúcar, nos íbamos caminando o en bus para la escuela. Ahí jugábamos todos los recreos –y también comíamos papas arregladas, hamburguesas y chocolates-y luego nos íbamos para la casa. Mi hermana y yo nos íbamos caminando 3 kilómetros, para ahorrarnos los pasajes del bus y poder pasar a comprar papitas. Y cuando llegábamos a la casa, tirábamos el uniforme y el bulto y salíamos corriendo para subirnos en los árboles, jugar con las gallinas o darle de comer a los conejos. A las 6 p.m nos llamaban a bañarnos y cenar. Y de ahí: a dormir.

En total, pasábamos unas 5 horas al día haciendo actividad física. ¿Y ahora? Los chicos regresan de la escuela a ver televisión, jugar con su Tablet o ver Netflix.

 

¿Qué cambió?

Difícilmente, un niño- especialmente si es de San José-conoce la sensación de jugar en un potrero hasta cansarse. Y no es culpa de ellos: los potreros ahora son casas u oficinas y los papás ya no tienen tiempo –o ganas- de cuidar a sus hijos.

 

¿Cuánta azúcar es mucha azúcar?

Para empezar, es importante aclarar que no todas las fuentes de azúcar son iguales. No es lo mismo comerse una manzana que una galleta rellena con sabor a manzana.

 Otro de los puntos negativos es que entre más azúcar consuman los niños, tienen más posibilidades de desarrollar caries.

 

¿Qué podemos hacer para que los niños no consuman tanta azúcar?

Podemos hacer muchas cosas, pero no necesariamente son fáciles:

 

Cuidar la alimentación en casa

Preparar jugos naturales quita un poco más de tiempo que abrir una pajilla y darle a su hijo un jugo de cartón lleno de azúcar. ¡Pero es mil veces más saludable! En la cocina las cosas no son sencillas: puede prepararle un jugo de mango, de fresa con banano o de zanahoria e ir probando cuáles son los sabores que más le gustan sin agregarle azúcar.

Un buen desayuno para niños de más de 3 años, puede ser un jugo natural, pan casero y un huevo con poca sal. Así que nada de galletas comerciales, bebidas de leche llenas de azúcar ni jugos.

 

Los niños aprenden con el ejemplo

Su hijo no va a querer comer brócoli si nunca lo ha visto a usted comiendo verduras. Los niños tienen que acostumbrarse a no tener un menú especial para ellos, sino que deben comer lo que hay para los adultos ese día.

 

No lo obligue a comer, dele opciones

Cuando ponemos el postre como premio –para después de comer brócoli- estamos diciéndoles a los chicos que los estamos premiando por pasar un mal rato. Los expertos en nutrición intuitiva aseguran que la mejor forma de acostumbrar a los niños a comer de todo, es servir la comida al centro y que cada persona escoja lo que quiere y en cuáles cantidades. Así el niño no percibirá una comida es un premio y otra, un castigo.

 

Ojo con las comidas afuera

Cuando vamos a comer a un restaurante fuera de casa, el menú siempre tiene una opción para niños que varía entre pizza, hamburguesa, pollo empanizado, papas fritas y un helado. ¿Por qué nos hacen esto? Y claro: entre una pizza y pescado, los niños siempre van a elegir lo primero.

Aquí es donde los padres deben hacer valer su título y pedirle al mesero la comida del niño. Pueden compartir un plato o complementarlo con una sopa. ¿Y si el niño quiere pan? ¡Pues que coma! Pero después de comerse el plato principal –y créame, ya no va a tener hambre para ese entonces-.

 

¿Gaseosas? ¡Solo en ocasiones especiales!

Son la tentación de los pequeños de la casa, especialmente en fiestas infantiles o salidas al cine. ¡Pero se puede evitar! Una buena forma de hacerlo, es pedir agua gasificada para todos en la mesa. Y de nuevo: hay que predicar con el ejemplo.

Puede llegar a un acuerdo con su hijo de que solo puede consumir gaseosas en el cine y siempre a la mitad.

 

¿Y los chocolates?

Luego de una fiesta, la casa queda inundada de chicles, chocolates y dulces de todo tipo. Y esto no tiene por qué ser un problema: recójalos y guárdelos fuera de la vista de su hijo. Ofrézcale postre 2 veces por semana y póngalo a elegir entre manzana con mantequilla de maní, un banano bañado en sirope de chocolate o los chocolates de la fiesta. También puede ponerse creativo y hacer sus propios helados caseros (con fruta, leche evaporada y miel).

 

La merienda de la escuela: el talón de Aquiles de la dieta

No es tan fácil enviar comida fresca y recién hecha a la escuela. Pero tampoco tiene que ser cualquier cosa. Estas son algunas ideas de merienda:

  • Trozos de queso, aceitunas y galletas saladas integrales.
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  • Manzana con mantequilla de maní.
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  • Un sándwich de jamón y queso.
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  • Trozos de jamón y queso.
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  • Hummus (puré de garbanzos) con palitos de zanahoria.
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  • Fruta con polvo de chile (Tajín)
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  • Pancakes de avena hechos en casa (puede agregarles zanahoria)
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  • Yogurt con frutas
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  • Paquetes de galletas o productos elaborados que sean integrales.
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¡Deje las excusas y ponga manos a la obra!

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