Para hacer más sencilla la navegación hemos organizado el menú en éstas grandes categorías.

Lo que necesita para pasarla Pura Vida

Lo que no se puede perder

Volver al pasado en el Mercado Central

11 de septiembre 2017

Basta con dar uno o dos pasos dentro del Mercado Central para entrar a la Costa Rica de otra época. Los pasos deben ser apresurados, porque todo dentro de estas 4 paredes parece serlo.

Ahí va doña Marta, buscando el mondongo para la sopa de hoy en la tarde. Y don Adrián, que se antojó de maní garapiñado del de antes. También un grupo de turistas, quienes de repente se ven inmersos en otra época, otro lugar.

La gente camina por ese laberinto de olores y recuerdos, con un rumbo fijo. Sin perderse, aunque sea muy fácil hacerlo.

El olor del eucalipto, la juanilama y la menta nos lleva a un chinamo donde ofrecen la cura para todo. Aquí los piojos, la colitis, el dolor de ovarios y hasta la impotencia tienen los días contados. No hay nada que no curen las plantas en un té. O una buena mezcla de ellas, diluidas en alcohol para frotarse en caso de tos, mala suerte o mal de amores.
 
Mercado Central
 
Mercado Central
 
A pocos pasos de distancia, encontramos cebolla, culantro, papas. Y encima cuelgan jarras de lata de las de la abuela; esas que hacían que el café y el agua dulce supieran más rico.
 
Mercado Central

También hay pipas. Que le traen no muy buenos recuerdos a la espalda, de lo que costaba sacarle brillo al piso. Justo al lado, un paste nos invita a bañarnos “como Dios manda”…aunque quedemos un poco aruñados.

Me distrae un olor a café recién chorreado. Y como no puedo negarme, de pronto estoy frente a una sodita con gente sonriente y de donde sale un olor irresistible. Los comensales disfrutan un pinto “con todo” sin prisa, como si el ruido del Mercado y la gente que no se detiene, simplemente no existiera.

Un tarro de vidrio con melcochas “La Estrella” me lleva al pasado. Con sólo probarla, recuerdo la época en la que salían premiadas y nos pasábamos un día entero comiendo melcochas de gratis. Ahora cuestan 200 colones.

Justo al lado, hay “quiebradientes”; que hacen exactamente lo que anuncian, pero nos dejan un sabor a dulce y a maní añejo difícil de resistir.
 
Mercado Central
 

El ambiente de siempre en el Mercado Central

Una vendedora de lotería nos ofrece el 35 para el domingo; “para que se vayan a Cancún….no no, mejor a París, porque en Cancún está lloviendo mucho”.

Un pescado entero me ve raro, mientras me alejo pensando en por qué hace tiempo no venía a este lugar tan céntrico y lleno de recuerdos. ¿Será la falta de tiempo? ¿El trabajo? ¿La vida? ¿El olvido?

Hay artesanías hechas de madera, trompos, yo-yos y se me hace imposible no probar todo. Hay chancletas típicas, camisas de la Sele, banderas, faroles…También hay resorteras, flores frescas, empanadas con buen chile, olla de carne y Talapintos.

Una nigüenta se roba mi atención. ¿Qué hace aquí? Recuerdo verla en la mesa de la sala de la abuela , junto al tarro de las melcochas. Siempre decía que daba buena suerte. Y no me atrevería a afirmar lo contrario.
 
Mercado Central

Hay música de guitarra. Un señor colmado de canas y con la frente arrugada, canta alegre al lado de una mesa. Nadie parece notarlo, entre tanta bulla. Pero está ahí y ya forma parte del paisaje.

Antes de salir del Mercado Central me volteo: quiero llevarme en la mente una imagen de lo que éramos. Gente sonriente, sin preocupaciones, con ganas de ayudar al prójimo y siempre con una broma cualquiera para alegrar el día.
 
Mercado Central

Pero recuerdo algo:no puedo irme del Mercado Central sin comprar un helado de sorbetera, del puesto de don Lolo Mora. El sabor de la nuez moscada, la vainilla y la canela me devuelve 20 años en el tiempo. No entiendo cómo, pero el sabor sigue siendo el mismo…Al igual que todo en este lugar.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Cargando comentarios de facebook ...

¿Gusta de más consejos como estos?
SUSCRÍBASE