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¿Cuál Santa? Mis papás, hacedores de milagros de Navidad

20 de diciembre 2017

¿Cuándo fue que la Navidad se volvió sinónimo de dar regalos? ¿Cuándo dejamos atrás el amor y el verdadero espíritu de la Navidad?

Nuestra amiga, la periodista Lizeth Castro creció con una Navidad sin regalos comprados y sin muchos lujos. Por eso, la invitamos a contarnos cuál es el verdadero sentido de la Navidad en esta nota escrita para Vivir PuraVida

 

 

¿Cuál Santa? Mis papás, hacedores de milagros de Navidad

La Navidad de las grandes tiendas no era la de nosotros.  Esas vitrinas nos contaban todo lo que no nos iba a traer el Niñito, pero quién le dice a los ojos de un niño que no las vea si son tan hermosas!.

Yo supongo que Mami y Papi evitaban que pasáramos por ahí en diciembre, pero por favor si ya usted está sintiendo lástima de leer esto, haga una paradita porque si había una época maravillosa en nuestras vidas, era la de la Navidad. Así la recuerdo. Hoy me pregunto: ¿cómo es que no asocio esta época con carencia, si era lo que nos sobraba? Y una sonrisa se me dibuja inmediatamente para responderme esto:

Mis padres son hacedores de milagros. No había regalos comprados sino hechos por las manos de mi mamá. ¿Qué recuerdo? Las pantuflas de peluche con cara de ovejita, un oso o un perrito de peluche, algún abrigo tejido.  El menú de la Noche Buena era sorpresa: tamales de cerdo, un pedacito de pollo que el resto del año no había, algún arroz con pollo muy poco común en nuestra mesa.  ¿Y sabe qué? ¡Eramos millonarios! No estoy en estado de negación, es que era así.

Tengo claro en el recuerdo que no había barbies pero tengo clarísimo que mis papás y nosotros 3 comíamos esa noche luego de juntar las manos y decir a coro:  “Gracias Señor, por todo lo que nos das”.  ¿Y qué era todo? Pues todo lo que se ocupa para vivir: amor, semejante combustible vale más que el petróleo; alegría, hermana del agradecimiento que nos hacía reír en medio de besos y abrazos porque estábamos con vida y juntos; sueños, que nos poblaban el alma de ilusión y no permitían que sintiéramos un miligramo de vacío. 

La Navidad de las grandes tiendas no era la de nosotros. Esa se terminaba por ahí del 26.  La Navidad de nosotros la llevo en el alma, inacabable, imposible de mejorar, inolvidable, llena de milagros, milagos de amor.

Autora: Lizeth Castro.

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