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Inspiración

Así sobreviví al cáncer de mama

19 de octubre 2017

A doña Ruth su peor miedo la alcanzó en el 2009. Había notado que tenía una mama más grande que la otra, pero no le dio importancia; luego de una mamografía de rutina, el médico pronunció las palabras que más temía escuchar “tiene cáncer de mama”.

“Lo primero que uno piensa cuando le dicen que tiene cáncer de mama es que se va a morir; especialmente porque mi papá, mi hermana y varios familiares cercanos murieron de cáncer”, asegura doña Ruth.

A partir de ahí la vida se puso cuesta arriba.  Luego de un angustioso internamiento en el hospital, le hicieron una cirugía para extraerle parte de la mama; el proceso fue tan duro, que pasó una semana sin poder verse al espejo. Después llegó la quimioterapia, acompañada de mucho dolor y efectos secundarios.

 
sobreviviente-cáncer de mama
 

“Lo peor fue verme la cicatriz en el pecho. Me sentía mutilada, sentía que me faltaba un pedazo y esa es una de las partes más duras. Otro momento doloroso fue cuando me quedé sin pelo, porque sentirse mal y verse así es realmente  triste. Sentía que me moría, que agonizaba, que no lo iba a lograr”.

Doña Ruth marcaba en el calendario los días que faltaban para terminar la quimioterapia. Sus hijos, Daniel y Josué se convirtieron en sus acompañantes y enfermeros. De pronto, dejó de ser la mujer llena de energía y pasó a estar todo el día acostada en un sillón, sin fuerzas ni siquiera para levantar una cuchara para poder comer sin ayuda.

 

Sobreviviendo al cáncer de mama

El cáncer de mama le quitó parte de una mama, la fuerza y por muchos días, también le quitó la fe. Doña Ruth asegura que Dios y su familia, le dieron la fortaleza que necesitaba para salir adelante.

“No soy una luchadora, soy la persona más cobarde del mundo. Pero estaba subida en ese toro y tenía que amansarlo o morirme”.

Doña Ruth asegura que el cáncer le enseñó a no preocuparse por cosas sin sentido y a disfrutar los momentos simples de la vida como comer un plato de arroz con frijoles sin ayuda o hablar con su familia.

“Mi consejo para las personas que están pasando por esto es que no se rindan. No hay que perder la fe ni la esperanza. Y a las familias de esas personas, solo les puedo decir que los apoyen. Algo tan simple como tomarlos de la mano o simplemente estar ahí, puede marcar la diferencia. Y lo más importante: háganse la mamografía, porque la detección temprana es lo que me tiene contando la historia”, aseguró doña Ruth.

 
cácer de mama-sobreviviente
 

La historia de doña Ruth la viven 1 millón 300 mil mujeres cada año; pero no todas tienen la suerte de contarlo. Solo en Costa Rica, más de 300 mujeres pierden la batalla contra el cáncer de mama cada año.

El cáncer de mama no se debe recordar solo en octubre. Debemos recordarlo cuando nos bañamos y notamos una mama más grande que la otra, algún abultamiento extraño o dolor.

También cuando nos toca la mamografía y decidimos no hacérnosla “porque a mí no me va a dar cáncer”. La enfermedad puede atacar a cualquier persona, sin importar la edad, el color de piel e incluso el sexo. Y la detección temprana marca la diferencia entre la vida y la muerte.

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